Desperté y mis huesos no se movían, mis músculos se pausaron, mi piel quebradiza permaneció
estática y vacía, miré a través del no agujero de la cuchara, como espejo -reflejadas- mis pupilas dilatadas, la mañana apenas caía sobre mi espalda, el sol se coló por la ventana hasta mis sábanas blancas, absorbiendo cada una de mis esporas, dejándome
en silencio, sin sentido, perdí el habla, el gusto, el tacto, el oído, el olfato, no veía nada, me volví un ente de cristal, frágil, transparente y listo para el azar...
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